Aquí estoy, otro día más, paseando en medio de la playa, observando como esas gaviotas vuelan y vuelan en busca de algo que llevarse a la boca.
El mar, hay esta, con su imparable cesar.
Miéntras camino por la orilla, algo capta mi atención, no procede del agua, tampoco de la orilla, ¿de dónde vendrá esos gritos?...
Me detengo, miro todo detenidamente a mi alrededor, que extraño, no veo nada, de pronto vuelvo a escuchar esos gritos, por fin se de donde proceden, de aquellos arbustos.
Me dirijo hacía allí algo curiosa pero también algo temblorosa, exacto, de allí viene, miéntras más me acercaba, más fuerte se escuchaba.
Estoy enfrente de esos arbustos, alzo la mano para adentrarme en los arbustos en busca de "esos gritos", pero en ese momento, suena un duro golpe procedente del cielo, una tormenta se acercaba, todo se oscurecio, comenzó a llover bruscamente, ahora sí, ahora sí que tengo miedo, mucho miedo.
Una dulce voz dijo: " ven por favor, ayudame". Yo sin ningún reparo, aunque con mucho miedo, me adentré entre los arbustos, golpeandome la cara con algunas ramas sueltas.
Y ahí estaba yo, rodeada por muchas cosas sin sentido, conejos que hablaban, árboles que jugaban al pilla pilla, pero ¿dónde estoy? ¿qué es todo esto?. Sigo andando sobre aquella "ciudad tan curiosa" en busca de esa voz que me había guiado hasta aquí.
Una joven ninfa se acerca y con voz encantadora, me da la bienvenida. Yo sigo sin entender nada, le dije a la ninfa, estoy aquí porque alguién me ha guiado y ando buscando a ese "alguién".
Sí, se de quién se trata, está ahí, en ese jardín, tú eres la única que puede ayudarlo.
Pero, ¿yo, como?. dije austada.
Dirigete hacía allí y lo entenderas. me dijo la ninfa miéntras se marchaba.
Una vez más, me dispongo a encontrar, ¿mi destino?, tal vez, si lo encuentro, me podre ir de este sitio tan extraño.
Aquí estoy, frente a frente del jardín, custodiado por dos hermosos soldados.
Me acerque con miedo a que me expulsaran de allí, pero no, todo lo contrario, me cedieron a entrar con tanta firmeza que hasta me llegue a impresionar.
Hola, ¿hay alguién?. pregunté. Nadie respondia. De pronto una intensa lluvia azotaba de nuevo mi cara. Me acerque a unos bancos que estaban allí a la penumbra de unos alcornoque en busca de refugio.
y ahí estaba él, un joven principe tumbado en el suelo, con una daga clavada en la espalda, pidiendo ayuda, pidiendo mi ayuda.
Me acerqué a él rápidamente, intenté dejarlo caer sobre un árbol, miéntras él me suplicaba que le ayudara, que no le abandonara. Yo, estaba sin dar credito a lo que escuchaba, pero si es cierto, que esa mirada me cautivo y aunque suene extraño, me enamoré perdidamente de él.
No llores, eso si que no puedo soportarlo. Me decía miéntras yo buscaba la manera de quitarle la daga sin hacerle más daño.
Con una mano y mucho cuidado y también miedo, empecé a sacarle la daga clavada en la espalda con mucho cuidado, escuchando sus sollozos, hasta que conseguí quitarsela.
Con los ojos irritados, me miró y aún con dolor me ofrecio una dulce sonrisa.
Me arranque un trozo de la camiseta que llevaba puesta para limpiar la herida, miéntras él se desprendia de la camisa para que fuera más fácil de limpiarle la herida.
Mojé la manga en un charco cercano a donde estabamos nosotros, miéntras la lluvia seguía acariciandonos.
No deja de echar sangre, tal vez tenga que coserle la hérida, con una estilla del mismo árbol donde estaba dejado caer, y con una fina hoja, intenté cocerle la herida, miéntras me cogia de la mano fuertemente y dulcemente a la vez, casí podía sentir sus pulsaciones.
Me volvió a mirar, y tiró de mi hacía su pecho, me abrazó, miéntras decia, gracias, no me dejes nunca, ven, quiero sentirte cerca de mí. Los dos abrazados así, bajo la lluvia, su pecho cerca del mío, pecho junto pecho, tan junto que se conocían nuestros latidos. La lluvia nos rodeaba, su herida al fin curada, sus brazos alrededor de mi espalda, mis brazos, alrededor de su cuello, los dos, allí donde podía sentir su agitada respiración.
Me acarició la cara, me robó un beso, fué tan dulce que por un momento creí estar soñando.
Abrí los ojos, y estaba en medio de la orilla, miéntras el agua me acariciaba los pies, si, TODO, era un sueño.
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